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P. Marcos Buvinic Martinic.
LAS SOLEDADES INVISIBLES
09-08-2018 - 13:56:13

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Pienso que en Punta Arenas todos quedamos impactados por la noticia que conocimos el fin de semana pasado, de que un adulto mayor fue encontrado muerto en su casa cuando ya llevaba una semana de fallecido.

¿Cómo era la vida de esa persona? Francisco se llamaba. ¿Cómo nadie lo echó de menos?, ¿en qué soledad invisible vivía para que muriese tan solo y nadie se diera cuenta hasta pasada una semana?

Detrás de este triste suceso está la invisible soledad en que viven muchos adultos mayores, que se van quedando solos y -muchas veces- tienen que sobrevivir con pensiones miserables; nadie los visita, no tienen una red de contactos y de apoyos para muchas cosas elementales de la vida, y especialmente para experimentar que son queridos y valiosos para otros. La soledad es una epidemia silenciosa que -muchas veces- convive con una pobreza también invisible que se vive puertas adentro. Es la misma soledad invisible que -en otra situación- han vivido los niños a cargo del Estado en el Sename.

Este hecho acontecido con la muerte de don Francisco en nuestra ciudad tiene, también, la réplica que nos llega desde otras regiones del país con noticias de suicidios de adultos mayores, que solos o en parejas deciden poner fin a sus vidas. Precisamente esta semana se conoció un estudio que muestra una realidad dramática: los suicidios de adultos mayores son los más altos de todo el país, ¡casi el doble que el promedio nacional!

¿Qué vida, qué sociedad estamos viviendo donde ser anciano es un drama de soledad y abandono, y donde en muchos casos esta soledad invisible termina en el suicidio?

Ante esta dramática e invisible soledad de tantos adultos mayores no basta con horrorizarse ni pensar indignadamente que “¡esto no puede ser, alguien tiene que hacer algo!”. Bueno, ese “alguien” que tiene que hacer algo eres tú y soy yo. ¡Nosotros debemos hacer algo! No permitamos que la indiferencia nos deshumanice, al punto de dejar morir a los ancianos en una soledad invisible.

Por ejemplo, podemos interesarnos en conocer a los vecinos, especialmente a los que son adultos mayores; preguntarse por sus necesidades; ofrecerse para hacer pequeños servicios, como hacer las compras, ir a pagar las cuentas, acompañarlos a los controles médicos o a trámites diversos. ¡Todo eso no es difícil y es un signo concreto de amor al prójimo!

También, en casi todas las parroquias y capillas hay grupos de adultos de mayores que se encuentran para compartir, acompañarse y ayudarse fraternalmente, y también hay grupos de voluntarias de la comunidad cristiana que visitan a adultos mayores en sus casas. Entonces, invite a participar en esos grupos, y ofrézcase como voluntario o voluntaria para servir a los adultos mayores. También hay grupos de adultos mayores en las juntas de vecinos o en otras organizaciones, ¡participe e invite a participar!

Como lo ha dicho en repetidas ocasiones el Papa Francisco, una sociedad sana es la que cuida los dos extremos de la vida -los niños y jóvenes, por un lado, y los ancianos, por el otro lado-, porque ambos tienen mucho que aportar: en los niños y jóvenes está la fuerza creativa de la vida, y en los ancianos está la memoria y la sabiduría de un pueblo.


9 de agosto de 2018









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