Cartas al director.

TITULACIÓN SOCIAL

23-10-2019 - 09:15
Sr. Director,
Recuerdo mis clases de química, hace muchos años, cuando debíamos determinar la concentración de un elemento específico, mediante una técnica denominada “titulación”. En palabras simples, el método consistía en que sobre el medio que contenía el elemento o compuesto que se quería cuantificar, se agregaba paulatinamente otro compuesto que, alcanzando una cierta cantidad, reaccionaba súbita y drásticamente con el elemento o compuesto de mi interés y que debía determinar. Siempre encontré notable y casi mágico el momento en que esa reacción se producía. Para llegar a ese momento agregaba el reactivo de titulación en el matraz de experimentación que contenía la solución de interés, donde al principio cada gota que adicionaba desaparecía en el líquido receptor; cada gota de mi reactivo que dejaba caer emitía un brevísimo destello de color para casi instantáneamente adoptar el color del líquido receptor. Así transcurría la técnica de laboratorio, gota a gota, destello a destello, sin que se produjera ningún cambio aparente en mi matraz asignado. Cuando pensaba que ya no se iba a producir ningún cambio en el líquido entregado por el profesor, cuando temía que hubiese cometido un error en mi procedimiento de administración del reactivo y empezaba a dudar de mis capacidades incipientes de analista químico, ocurría lo extraordinario. Al agregar la última gota se producía una transformación total y absoluta que alteraba el color y el estado del líquido receptor, transformándose en otra cosa, algo distinto a los dos líquidos originales participantes de la reacción.
Mientras escucho el rumor de carros de bomberos, mezclado con el ruido de cacerolas porfiadas y el estruendo de disparos en la tercera noche de toque de queda en este Santiago convulso de primavera, no pude evitar que se me cruzara el recuerdo de mi primera “titulación” en un laboratorio porteño, antes de salir a protestar junto con otros compañeros de universidad en contra de una dictadura inmisericorde ante la cual un pueblo malherido se levantaba hastiado de tantos vejámenes e injusticias de distinto calibre, cada uno más aberrante que el anterior.
A casi treinta años del término nominal de la dictadura, el mismo guarismo representó la última gota de abuso que caía en un caldo que estaba fermentando hace decenas de años, recibiendo gota tras gota de abusos, injusticias y vejaciones sociales, derivadas de una administración magistral de todas y cada una de las transformaciones dictatoriales por parte de una casta política que prometió la “alegría que venía”, lo que se parece mucho a “los tiempos mejores”, pero que nunca llegó. Los treinta pesos de aumento del pasaje del metro en la ciudad capital de esta Capitanía al fin del mundo me hicieron acordarme de esa gota de mi primera “titulación” química. Como los políticos actualmente en ejercicio en el ejecutivo o en el poder legislativo son principalmente abogados, economistas, ingenieros comerciales o simples ignorantes con un abultado patrimonio familiar pecuniario, están pensando que basta con eliminar esa última gota, que no debió haber caído, para resolver el problema de magnitudes bíblicas generado. No saben o no quieren aceptar que las clases de ética a un tal Lavín y un tal Délano, o las pensiones miserables de un sistema aberrante, o las infinitas listas de espera en la salud pública, o la educación pública paupérrima y agonizante, o la venta de las empresas estatales a cómplices de la dictadura y capitales foráneos, o los bingos para pagar tratamientos de enfermedades catastróficas, o las nubes y aguas tóxicas que bañan y aspiran habitantes de Puchuncaví y alrededores, o los sueldos siderales de una clase política que se ha servido de un Estado que lo financiamos la gran mayoría de los chilenos, o el robo a mansalva de militares y carabineros de miles de millones de pesos, o que un litro de leche o un remedio cueste muchísimo más que comprarlos en un supermercado alemán o una farmacia francesa, o que los sueldos mensuales sólo permitan comprar los alimentos del mes a crédito porque de otra manera no alcanza, mientras los sueldos de gerentes y directores de empresas que lucran con la educación, la salud y pensiones, les permitirían darse festines orgiásticos a bordo de un velero en el Caribe y tantos otros ejemplos que podría enlistar y así llenar al menos tres páginas de aberraciones e injusticias sociales; representan cada uno de esos ejemplos gotas de abuso que han caído durante al menos 30 años en este caldo de cultivo fermentado, hasta llegar a la gota de los treinta pesos de aumento del pasaje del metro.
Como en esa clase de química de antaño, entiendo que esa última gota exprimida del alma de un pueblo vejado por decenas de años, representará probablemente un cambio drástico y absoluto en las relaciones de los que configuramos el tejido social con Autoridades completamente deslegitimadas. Sin siquiera sospecharlo, la elite económica, política, religiosa y militar de este país a culminado un proceso de “titulación” que ha transformado el caldo contenido en este matraz largo y angosto en una sustancia distinta e imprevisible, que a su vez los obligará a transformarse en algo que no querían ser y, quién sabe, a dejar el “oasis” de paz y seguridad en el mundo paralelo en que vivían y meter los pies en el barro de la letrina que ellos mismos construyeron.
Atentamente,
Marcelo Saavedra Pérez
Biólogo