P. Marcos Buvinic Martinic.

LAS AUTOCRÍTICAS

07-11-2019 - 14:02
Desde que hace tres semanas el descontento de muchos se comenzó a manifestar como una extendida protesta ciudadana con amplio apoyo entre la gente y, al mismo tiempo, se desató la rabia acumulada de una larga lista de injusticias y frustraciones; desde entonces una explosión de violencia sigue extendiéndose de un modo que parece incontrolable.

La protesta social suscita una adhesión muy extendida por la justicia de sus demandas, pero el precio -no sólo económico- sino emocional de la violencia que se ha desatado es tremendo. Ahora, casi todos opinan que esto era algo que se venía venir, que en algún momento tenía que explotar. Como suele ocurrir, luego de la guerra, todos son generales, todos sabían lo que pasaría, pero -si es así- nadie hizo nada. No he escuchado ninguna autocrítica de estos “profetas” que sabían que esto iba a pasar y que si sabían, no hicieron nada.

Todos hemos podido escuchar diversas intervenciones de políticos de todos los colores que, en modos diversos, manifiestan una comprensión por las justas razones de la protesta social o proclaman una decidida adhesión a las demandas ciudadanas; pero, todavía no se conoce una autocrítica seria y profunda de los políticos y sus partidos, del parlamento, de las diversas autoridades de gobierno. Me refiero a una autocrítica que se traduzca en cambios profundos en la forma de ejercer una autoridad al servicio de la ciudadanía y de las necesidades de los más postergados.

Para poder avanzar en la búsqueda de soluciones reales y posibles para los tremendos problemas sociales que -como un cáncer agresivo afectan a nuestro cuerpo social- es preciso ver con mucha atención en qué estaba cada uno antes del estallido social; sólo así es posible realizar los cambios necesarios.

Es preciso reconocer que muchos estaban en una total apatía social, sin participar en nada, sin ocuparse -en lo más mínimo- de la acumulación de demandas de justicia social, sin ir a votar en las elecciones, viviendo en su metro cuadrado y acumulando rabias y frustraciones. Es preciso reconocer que muchos estaban aprovechando de los beneficios de un sistema centrado en la acumulación de capital y en los beneficios que el dinero ofrece (beneficios que, por cierto, sólo son para algunos). Es preciso reconocer que muchos, muchísimos, estaban adormecidos por el bienestar -como en una modorra después de un buen almuerzo- y dedicados al consumo de lo que las vitrinas ofrecen. Claro, esto de vivir de modo consumista tiene un precio que es para quienes lo pueden pagar; También es preciso reconocer que muchísimos compraron ese precio del consumo a través de las tarjetas de crédito y ahora a lo más que aspiran es a renegociar las deudas que no pueden pagar.

Hay que mirar y reconocer con seriedad en qué estaba cada uno hace tres semanas, cuando comenzó el estallido social. Eso es sólo para comenzar el camino de la autocrítica que permite enmendar el rumbo y corregir errores. La verdadera autocrítica sólo comienza con el reconocimiento de las propias responsabilidades, errores o culpas, pero es para poder llegar a algo nuevo y mejor a través de un real cambio de prioridades, opciones y actitudes. Sólo entonces la autocrítica produce sus frutos de conversión.

Ante un estallido social como el que vivimos, la necesidad de autocrítica es para todos, no excluye a nadie. A lo mejor, algunos tendrán que preguntarse cuántas veces se callaron ante las injusticias o miraron para otro lado, para no tener problemas. Otros tendrán que preguntarse si con sus actos corruptos o sus evasiones tributarias no estuvieron saqueando los bienes que son de todos, especialmente de los más postergados. Otros tendrán que preguntarse hasta dónde es justo el salario que ganan en una sociedad tan desigual en la distribución de bienes y de oportunidades. Otros tendrán que preguntarse hasta dónde quieren llegar con la violencia que sólo destruye. En fin, la lista sería casi interminable. Lo importante es que solamente con una seria y profunda autocrítica es posible dejar de ser parte del problema y pasar a ser parte de la solución.




7 de noviembre de 2019