Bocanada.

IDENTIDAD

24-05-2020 - 14:45
La única parte que te pueden quitar para dejar de ser tú es la memoria.
Caminar por las calles viejas y no recordar tu infancia iluminada.
Mirarse en el espejo y no reconocerse, el tapar con indiferencia la historia que nos hizo como somos.

Y aunque todo el mundo nos reconozca como tales, o miren a Magallanes con profundo interés y aspiraciones, nosotros mismos no nos estamos reconociendo.
Nos miramos y no nos vemos. Nos tocamos y no nos sentimos.
Lo “magallánico” que tanto nos inculcaron los más viejos se ha convertido en una especie de sueño antiguo, pasado de moda. O simplemente de eso nos han querido convencer en los últimos años.
Somos igual que el niño que espera el permiso del papá para salir a jugar.
Nos fuimos llenando de visitas “bien preparadas” a asumir algún cargo dependiendo el Gobierno de turno.
Y seguimos viendo en los escritorios de algunos servicios públicos a personas que están “fantásticamente” bien preparadas, mejor que alguien de acá.
Porque pareciera ser que en nuestra tierra no existe mano de obra calificada.
Los trabajadores “reclaman mucho”, “se quejan por todo”, “no tienen la misma preparación”... Y esa frases hechas las han ido haciendo realidad.
Y así la identidad local ha ido quedando olvidada en algún lugar del pensamiento y el corazón.
Privilegiando intereses del partido, de la ideología, de la conveniencia económica.
Y si estás de acuerdo con acercarnos como sociedad a un cambio profundo eres comunista hasta los huesos, y si estás en contra de lo anterior te conviertes en un facho pobre.
Lo cierto es que esos ridículos extremos nos han minado la esperanza. Nuestra identidad local se va desvaneciendo por quienes tratan de convencernos de que lo que hacen está bien.
Pero esas decisiones hace rato que no toman en cuenta lo que pensamos las y los magallánicos.
¿Qué nos pueden amputar, o cortar de raíz, para que dejemos de ser nosotros?
¿Una pierna, un riñón, una mano... los ojos?
La única parte que le pueden quitar a un pueblo para dejar de ser lo que es, es la memoria.
Y no podemos permitirnos aquello.
El que siga adelante esta especie de olvido colectivo, donde no nos reconocemos como tales y dejamos que manejen nuestro destino y futuro desde tierras lejanas y sin ningún tipo de cercanía con nuestra identidad.
Somos un conjunto de rasgos, de características, que permiten distinguirnos de otros lugares y territorios en su conjunto.
No podemos dejar de reconocernos en el espejo. Por más esfuerzos que se hagan a nivel central.
Por más decisiones centralistas que se tomen.
Por menos peso que tengan nuestras autoridades. Y la poca defensa que hay de nuestra gente y sus intereses particulares.
Un enfermo de Alzheimer, que es reconocido por todos, deja de ser quien es cuando se mira en el espejo y no se reconoce.
Empecemos a mirarnos en ese espejo, porque aunque nos amputen todos los órganos, la memoria está intacta.
Lo que vemos, lo que olemos, lo que escuchamos... Todo está ahí.
Comienza a recordarlo.