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septiembre 12, 2015
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CHILE Y SU LARGA TRADICIÓN DE FRONTERAS ABIERTAS

Cartas al Director.

• Cuando se hace inminente que Chile dará refugio a numerosas familias sirias, especialista de la Universidad del Pacífico asegura que el número de extranjeros que optará por vivir en nuestro país aumentará sistemáticamente, por lo que advierte de la necesidad de contar con una política de Estado urgente y robusta en materia de migración.
Tal como lo ha informado el Gobierno, Chile analiza en estos días la posibilidad de dar asilo a ciudadanos sirios que escapan de la guerra, lo que ya ha generado una importante crisis humanitaria en Europa. De hecho, miembros de la comunidad siria en nuestro país ya iniciaron las gestiones para acelerar la aceptación de refugiados, por lo que esperan que la Presidenta Bachelet permita la llegada de entre 50 y 100 familias.
Es un tema no menor, si consideramos que desde la Segunda Guerra Mundial que nuestro planeta no experimentaba una crisis migratoria como la actual. “Cientos de miles de personas buscan desesperadamente nuevos horizontes de vida, huyendo de guerras internas y de la desolación que significa la vivencia de diferencias raciales, étnicas, religiosas y de todo aquello que inexplicablemente divide a los seres humanos dentro en un mismo territorio”, comenta el secretario de estudios de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad del Pacífico, Christian Quinteros Flores.
En Latinoamérica esta situación se incrementa día a día. Según la Organización de Naciones Unidas (ONU), “la circulación de personas a través de las fronteras de Bolivia, Chile y Perú ha aumentado en el marco de los movimientos migratorios mixtos, principalmente provenientes de Colombia, aunque también se observa la presencia de personas de República Dominicana y otros países como Siria o países de África y de Medio Oriente”.
“De acuerdo a proyecciones recientes, se estima que nuestro país verá incrementado sistemáticamente el número de extranjeros que optan por vivir en nuestra tierra, ya sea en calidad de inmigrantes que voluntariamente buscan un mejor nivel de vida, o de refugiados que huyen de un régimen político o de amenazas ideológicas. Esta situación es una de las características de un proceso de globalización acelerado como el que experimentamos hoy”, precisa Quinteros.
¿Por qué Chile?
El Magister en Ciencia Política y especialista en Gestión Pública y Desarrollo Territorial es claro: “Chile es percibido por la comunidad internacional como un país en paz, con respeto a las libertades y a los derechos fundamentales, que vive en un régimen democrático, lo que sin duda significa un capital que debe potenciarse y cuidarse”.
De hecho, según declaraciones del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), “muchas de las personas atendidas por las redes de la sociedad civil en frontera reconocen haber abandonado sus países por riesgos de seguridad asociados a situaciones de violencia sufridas en los países de origen’”.
Por lo mismo, el Ministerio del Interior y la ACNUR trabajan en conjunto. “Chile ha sido elegido por ACNUR como país receptor de refugiados, a consecuencia de su estabilidad social, política y económica, y de su multiplicidad cultural. Chile tiene una probada capacidad de coexistencia entre pueblos de diferentes orígenes y se proyecta como un país multicultural receptor de inmigrantes, de cara a la comunidad internacional. Además, tal como en su momento varios países recibieron a muchos chilenos que tuvieron que dejar el país, Chile ha devuelto la mano y ha acogido ya en diversos procesos a un conjunto de refugiados”, indica Christian Quinteros.
En ese sentido, el docente de la Universidad del Pacífico recuerda que nuestro país posee una larga tradición multicultural desde que se formó la República, lo que le ha permitido incorporar en su ethos cultural la diversidad y pluralismo étnico, enriqueciendo la simbología cultural de la nación, desde los aportes de alemanes y yugoslavos en siglos recientes, hasta la llegada de peruanos, bolivianos y colombianos en los últimos tiempos.
Sin embargo, el aumento de migrantes y refugiados requiere de una política de Estado. “Se debe dirigir a las comunidades a territorios con posibilidades de absorción de mano de obra y entregar una oferta de servicios adecuadas, de tal forma de evitar la exclusión de los nuevos habitantes. Esto último exige el diseño de políticas públicas migratorias urgentes y robustas, que además se adecuen a las posibilidades de desarrollo territorial para evitar el progresivo aumento de las metrópolis y de la consecuente pobreza periférica”, advierte.
Por otro lado, la adscripción de Chile a tratados internacionales, a redes globales, convierte a nuestro país en una oportunidad de integración social reconocida internacionalmente. “Nuestro capital nos transforma en un país miembro de una red solidaria mundial que es capaz de recibir a aquellos que tienen dificultades. Chile forma parte de la OCDE desde el 5 de mayo de 2010, organización supranacional que alberga a 34 países y que precisamente busca generar respuestas a problemas comunes, coordinando políticas internas e internacionales. Por otra parte, este organismo busca desarrollar estándares y reglas de cooperación internacional”, señala Quinteros.
Otro tema es el carácter de Chile como país solidario. “Chile se nutre con estas prácticas y fortalece el imaginario nacional de un país que ayuda a los demás en forma desinteresada”, plantea el académico.
Y es que esto no es nuevo, pues Chile ya ha recibido a varios grupos de refugiados como parte del Programa Permanente de Reasentamiento Solidario que nuestro país desarrolla desde el año 1998, dentro del trabajo conjunto que desarrolla el Ministerio del Interior, las Vicarías de Pastoral Social y de los Trabajadores, y ACNUR. Los últimos grupos que han sido recibidos corresponden a personas provenientes de Colombia, que por diversas razones no pudieron permanecer en Costa Rica o Ecuador, donde estaban refugiadas inicialmente.
“La necesidad de acción internacional concertada es una gran oportunidad para el tratamiento de problemas que son globales en su origen y empujará cada vez más a los estados latinoamericanos a hacer de la cooperación internacional una esfera privilegiada de actuación”, concluye el docente de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad del Pacífico, Christian Quinteros.

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