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junio 25, 2016
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EL 23 DE JUNIO DE 1923 SE PRESENTA EN EL HAIN A KULAN, LA MUJER FATAL E INSACIABLE

Bernardo Veksler – Diario del Fin del Mundo.

Alrededor de esta fecha, se celebra la ceremonia de iniciación de los jóvenes selk´nam y se presenta Kulan, la mujer fatal del Hain, quien acostumbraba a tener sexo con varios hombres.
“Como Kulan era joven y esbelta, su rol era a menudo interpretado por uno de los klóketen (jóvenes en transición hacia la adultez), que debía ser de talla más pequeña que los koshménk con los cuales jugaba. Kulán siempre estaba acompañada por un amante, su esposo o un mayor” (Anne Chapman. Hain).
El personaje llevaba puesta una máscara cónica, pintada de rojo, con una franja blanca que iba desde la punta de la cabeza hasta los genitales que tenía cubiertos por un taparrabo. Sus pequeños pechos, estaban hechos con bolsitas de cuero rellenas.
Se creía que se mantenía oculta en los bosques, acechando a aquellos que resultan de su agrado para seducirlos y llevarlos a un espacio celestial por varios días, obligándolos a tener relaciones sexuales en forma ininterrumpida. Para mantener el vigor de estos hombres, los alimentaba con huevos de pingüino emperador. Cuando liberaba a sus amantes, estos “regresaban a la tierra tambaleantes, padeciendo el efecto de los excesos (…) Las esposas no hacían reproches a sus infieles esposos, sabiendo que Kulan los secuestraba contra su voluntad. Tampoco lo interrogaban sobre lo ocurrido en aquel cielo, porque, según les aseguraban “las víctimas”, jamás recordaban nada de lo que sucedía allí”.
En ocasiones, “un joven klóketen, recientemente iniciado, regresaba de una larga estadía en el cielo, desnudo pero hermosamente pintado y adornado con un elegante tocado de plumas. A su llegada era escoltado por varios hombres hasta la parte frontal del escenario, exhibiéndose abiertamente ante las mujeres para provocarles celos o excitarlas sexualmente. La propia Kulan desfilaba por el escenario junto a uno o incluso dos jóvenes amantes, con el mismo propósito”.
Su frenética actividad sexual también podía desarrollarla “en la choza del Hain, sobre el escenario, y en el bosque cercano al campamento. A pesar de toda esa actividad, se desplazaba con extrema lentitud”. Durante su presentación en esta ceremonia, de la que fue testigo Martín Gusinde, “tardó una hora en recorrer diez metros, moviéndose de costado, dando pasitos laterales, separados por pausas prolongadas” (op. cit.).

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