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agosto 31, 2016
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EL 30 DE AGOSTO DE 1900 NARRAN SANGRIENTAS BATALLAS DE VENGANZA CRUZADAS ENTRE NATIVOS

Bernardo Veksler – Diario del Fin del Mundo.

Alrededor de esta fecha, se producen una serie de enfrentamientos entre los nativos que habitan el sudeste de la isla. De esas batallas pudo enterarse Carlos Gallardo y reflejarlas en su libro Los onas.

“El relato de las causas generadoras de la tirantez de relaciones entre las tribus de que eran doctores Co y Yóschken y de los hechos acontecidos después y cuyo trágico desenlace tuvo lugar durante mi permanencia en la Tierra del Fuego, nos dará la noción exacta de lo que son las guerras entre las tribus onas”.

Luego del fallecimiento por sarampión de Rolio, “siendo atendido por el doctor Co, el que aseguró haberle sido enviada la enfermedad por el doctor Yóschken. El hermano de Rolio reunió una compañía de indios del sud del cabo Santa Inés”, y atacaron y mataron a Yóschken y a su sobrino Hincherke.

Los miembros de este grupo se encargaron de avisarle a sus amigos lo ocurrido y quedaron en una cita para concretar la venganza, con el comienzo de la primavera “a orillas del lago Shaipot”.

Unos cincuenta nativos acudieron a la cita. “Después de algunos días de cacería, con el objeto de dejar bastante carne a sus familias mientras durara su ausencia, y de haber dispuesto que quedaran cuatro indios viejos para cazar, si hacía falta, los onas buscaron y hallaron los rastros dejados por la compañía enemiga”. Rodearon el campamento ubicado cerca del cabo San Pablo. “Los indios perseguidores iban armados a flecha, salvo dos que llevaban carabinas robadas a los cristianos de Río Grande”.

La defensa se organizó utilizando los cueros de las chozas para protegerse, “pero a pesar de la tenaz resistencia todo fue inútil y tuvieron que huir, dejando muertos cinco hombres y dos muchachos (…) Las cosas no pararon aquí. El verano de 1901-2, reunió en Harberton a los indios de los campos enemigos. Durante su permanencia allí, se hablaban, comían casi juntos, luchaban entre sí, y si bien se lastimaban, no llegaban a ser peleas a muerte; pero se notaba entre ellos una seriedad, una falta de franqueza, la ausencia completa de toda familiaridad, lo que hacía ver que no se habían olvidado” los rencores.

La venganza se consumó luego de conseguir armas de fuego en un campamento minero y nuevamente se derramó sangre de fueguinos. Los atacados no dejaron de pensar en el desquite y seguir con la matanza.

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