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febrero 7, 2019
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ENERO Y FEBRERO

P. Marcos Buvinic Martinic.

Los meses de enero y febrero están marcados por las vacaciones. Unos descansan en enero, otros en febrero. Los estudiantes recién volverán a clases en marzo. En nuestra región el agradable clima de este tiempo -sin los tórridos calores del norte del país- invita a salir al campo, a ir de picnic, o caminar por la costanera del Estrecho. Unos viajan al norte, otros aprovechan de conocer las bellezas de nuestra zona austral. Punta Arenas y la región se llenan de turistas venidos de todos los rincones del mundo atraídos por las bellezas de nuestra Patagonia. En fin, es tiempo de vacaciones y el tiempo parece fluir de modo diverso.

El escritor francés Romain Rolland, quien recibió el Premio Nobel de Literatura en 1915, decía que el tiempo libre es “el divino hacer nada que permite hacer tantas cosas”. Es decir, es el tiempo aparentemente vacío que se nos ofrece como una oportunidad para rehacernos como personas en el descanso y en el cultivo de mejores relaciones humanas y familiares.

Todos sabemos que no descansar adecuadamente puede acarrear problemas físicos y psíquicos muy importantes, que afectan de forma directa la vida personal y laboral de las personas. El estrés, las tensiones laborales y el andar corriendo apurados de un lado para otro afectan nuestra calidad de vida si no sabemos parar y recrearnos. De eso se trata en las vacaciones, de re-crearnos, de hacernos de nuevo a través del descanso, de la contemplación de la belleza y del crecimiento en las relaciones de amistad y familiares.

Es necesario saber descansar para ser re-creados. En la Biblia, en el relato simbólico de la creación, Dios mismo es el autor de las vacaciones, pues aparece descansando al séptimo día de la obra creadora. Es un tiempo dedicado a contemplar la belleza de la creación en la que Dios sigue haciendo todo de nuevo, hasta nuestros días.

También el Señor Jesús se tomaba tiempos libres para descansar, para orar y reflexionar junto a sus discípulos en Betania, en el desierto, o junto al lago de Galilea. “Vengan conmigo a un lugar solitario y descansemos un poco” (Mc 6, 31), decía el Señor Jesús a sus discípulos.

Así mismo, la palabra “vacaciones” viene del latín “vacare” que quiere decir abstenerse de las actividades normales para dedicarse a algo diferente e importante. Es decir, se trata de todo lo contrario de una fuga alienante, sino de dejar lo habitual para ir a lo esencial: al encuentro consigo mismo, al encuentro con la belleza de la creación, al encuentro del compartir familiar sin la premura de los quehaceres; ir al encuentro de la raíz íntima de nuestra vida, es decir, ir al encuentro de Dios que habita en el fondo de cada persona.

El don divino del tiempo libre nos da la oportunidad de seguir el mismo camino del Creador, haciéndonos creadores de nuevas formas de vivir, de amar, de sentir y relacionarnos en forma más gratuita, sin andar buscando la utilidad o la ganancia de cada cosa. La gratuidad es un fruto maduro del amor adulto y el amor es el poder supremo que nos acerca a la misma potencia creadora de Dios.

¡Para todas las personas, qué importante es saber descansar y superar el frenesí trabajólico! Poder aprovechar este tiempo para esas cosas pendientes de las que durante el año decimos: “yo quisiera tener tiempo libre para hacer tal o cual cosa”, “a mí gustaría tener un poco de tiempo para esto o lo otro”. Las vacaciones, ese “divino hacer nada que permite hacer tantas cosas” es el tiempo que se nos regala para ser re-creados y para comenzar todo de nuevo con un espíritu renovado.

7 de febrero de 2019

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