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marzo 24, 2016
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LAS REGIONES APORTAN SU SELLO DISTINTIVO A LAS CELEBRACIONES DE SEMANA SANTA EN EL PAÍS

La geografía, el clima y el aislamiento, entre otros factores, inciden en particulares festividades.

Hay procesiones nocturnas a oscuras, y otras con antorchas y velas, por calles y cerros. Pueblos casi deshabitados reciben a feligreses, el ganado se adorna con lanas y también irrumpe el chocolate.

La Semana Santa se asocia con descanso, viajes y también a recogimiento y rituales que son transversales en el país. Pero también hay variantes que dependen de la geografía, del clima y del aislamiento.
En Punta Arenas, por ejemplo, la comunidad Jesús Nazareno de Caguach desde hace cuatro años participa en la Procesión del Silencio, en la que 200 feligreses portan antorchas por las calles aledañas al templo. Todos siguen la Cruz de Cristo, al ritmo de una banda.
Cerca de la medianoche, en víspera de Viernes Santo, los vecinos salen a las puertas de sus casas e inclinan sus cabezas. Tras el recorrido de una hora, con bajas temperaturas, los feligreses regresan a la iglesia para un acto litúrgico. «Es como si fuese un retiro espiritual para cada uno de los participantes», dice el sacerdote Fredy Subiabre, vicario de la diócesis de Magallanes.
En la vecina Aysén, en Cochrane, a 330 km de Coyhaique, el Vía Crucis finaliza en el mirador del cerro La Cruz.
En el otro extremo del país, en Iquique, también es protagonista otro cerro, el Esmeralda. Unas 15 mil personas ascienden para el Vía Crucis, y en el trayecto se instalan estaciones de descanso. Desde el Jueves Santo se encienden luces en la cima y faldeos.
También en la Región de Tarapacá unos tres mil fieles, en la penumbra, reviven en La Tirana la muerte de Cristo. A las 23:30 horas del Viernes Santo, para conmemorar el «Santo Entierro de Jesús», parte un recorrido de dos horas por las calles, con velas y en silencio.
Más al norte, en pueblos de la Región de Arica y Parinacota, sus habitantes que migraron a ciudades por trabajo y estudios, en días previos al inicio de Semana Santa, regresan a sus deshabitadas casas para limpiarlas. Luego, realizan procesiones con féretros rellenos con piedras.
Y en el Altiplano de la Región de Antofagasta, en Caspana y Chiuchiu, se conservan milenarias tradiciones, como colocar lanas de llamativos colores a los animales, sobre todo llamas, además de bailes, cantos y rogativas. «Se celebra como en la Colonia, o cuando llegó la evangelización, con imágenes que datan de ese tiempo», explica el sacerdote Patricio Cortés, de la parroquia San Francisco de Asís de Chiuchiu, donde está la iglesia más antigua del país en pie.
A 2.400 km, en Valdivia, asociado con el Domingo de Resurrección y con la tradición de los huevitos de Pascua, se realiza una Feria del Chocolate con productos artesanales y talleres.
Y más al sur, en Cucao, como en otras localidades del archipiélago chilote, está el Vía Crusis.
Con viento, o lluvia, al anochecer del viernes los católicos, en pequeños grupos y alumbrados con antorchas, recorren las estaciones de la crucifixión marcadas con pequeños altares.
EQUIPO DE REGIONES
Nacional
El Mercurio

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