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marzo 19, 2010
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LO QUE TODO MAGALLANICO DEBE SABER XV

Las huellas, senderos y caminos de Magallanes.

¿Porqué el título “Lo que Todo Magallánico Debe Saber? Porque la cultura regional es única. Porque nuestras costumbres y tradiciones nacen de las diversas corrientes migratorias que llegan a este Sur del Mundo. Y también porque cada habitante de esta zona austral, especialmente los estudiantes y guías turísticos deberían conocer estas historias para contarlas, entregarlas a visitantes tanto nacionales como extranjeros con la mayor cantidad de detalles y, por supuesto para atesorar esto que pertenece a Magallanes como el viento, la nieve, el mar que nos rodea, los canales, las islas y el ser humano que es también único.

Tal vez no sea cosa fácil para quien o quienes recorran los caminos de la Región de Magallanes, poder forjarse una idea de cómo ellos tuvieron origen y de qué manera se fueron formando y modificando hasta llegar a ser tal cual hoy los conocemos.

El momento inicial de los caminos regionales debe situarse en el otoño de 1847, cuando la rudeza de la estación invernal que se avecinaba, amenazaba con liquidar el escaso ganado con que contaba la colonia nacional establecida sobre la punta de Santa Ana, con el nombre de Fuerte Bulnes, algunos años antes. Se llevó a los animales a la comarca vecina al río del Carbón, hacia el norte; pero entre los dos lugares mediaban más de 50 kilómetros. Al estar enfermo de algún cuidado el Gobernador, Sargento Mayor José de los Santos Mardones, la tarea de trasladar el ganado y abrir la senda recayó nada menos que en el Capellán Fray Domingo Passolini, quién animoso como era se ofreció para el cometido.

Y lo cumplió muy cabalmente porque hacha en mano fue abriendo la trocha por el monte costero y ayudando personalmente a construir los primeros precarios puentes que se tendieron en la Patagonia Austral.

Establecida la Colonia al poco tiempo, 1848, junto a la punta Arenosa, se determinó en 1870, instalar la hacienda en Agua Fresca, volviendo a trazarse el camino abierto por el religioso extendiéndolo hasta la bahía de San Juan.

Al norte de Punta Arenas por otra parte se había venido formando con los años una senda entre la Colonia y las pampas con el paso periódico de los tehuelches y su caballada. Por esa senda, a partir de 1968, y una vez que aumentó la población colonial comenzaron a moverse hacia el norte. Los hitos de avance fueron “los Tres Puentes”, que cruzaban los arroyos que se vierten en bahía Catalina; el rincón de la Paja, actual Barranco Amarillo, el río Seco y Chabunco, que por un buen tiempo fue lo más lejos que se atrevían a llegar los habitantes de Punta Arenas. Pasado el bosque más allá de Cabo Negro los baqueanos que fueron “haciendo punta” y junto con ellos los mercachifles (comerciantes ambulantes de campo) y siguieron generalmente la senda tehuelche. Desde Koikashaiken (paradero de la laguna grande) en Cabo Negro, pasando por Nameraiken, Dinamarquero, Ciaike y la Portada; siguiendo por Paliaike (paradero del hambre, de la desolación) se llegaba a Chimenaike (paradero de los pozos bajo el agua) y Güeraike (paradero de la mentira, cuento, leyenda) sobre el río Gallegos. Esta senda tehuelche conformó el primer camino vecinal, registrado en los anales gubernativos ya en 1875, que sirvió a los colonos ganaderos y por ellos se movieron pesadamente carretas y carros, y después de 1905 los primeros vehículos automotores. Así la ruta Punta Arenas-Cabeza del Mar-Pozo de la Reina- Dinamarquero- Ciaike- Paliaike, fue el primer camino internacional.

Hacia el nor-poniente, el monte enmarañado, al occidente del Morro Chico o del Deslinde, opuso por años resistencia al avance caminero. Tal fue así que puesto en colonización el territorio de Ultima Esperanza en 1894, la senda que comunicaba con Punta Arenas penetraba en Morro Chico a suelo argentino, seguía orillando el bosque hasta el río Gallegos y por éste hasta su afluente el Turbio, volviendo a entrar a Chile por la Casa Vieja (Alte haus en Alemán, nombre impuesto a casa de colonos germanos en el lugar).

Tierra del Fuego fue diferente, porque había allí una numerosa población indígena pero los Onas en su vida nomade nunca siguieron rutas prefijadas como las tuvieron las tehuelches. Así entonces los caminos surgieron con el movimiento provocado por la fiebre del oro y principalmente con la colonización.

Equipos camineros no se conocieron sino después de muchísimo tiempo. Las construcciones y reparaciones se hicieron por años a mano en esforzadas jornadas.

(Fuentes: Mateo Martinic y Mario Echeverría Baleta)

FOTO: Faenas camineras sector Río Tranquilo (1930)

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