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septiembre 26, 2012
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¿NOS DEFINEN LAS CAMISETAS QUE LLEVAMOS?

De la Prensa Internacional. Colaboración de Marco Barticevic Sapunar. Un magallánico en África.

Jerónimo Dalpón, 30 años, camiseta comercial, diseñador gráfico. A Jerónimo le gusta llevar camisetas en las que se vea la marca. Quizás por su profesión (diseñador gráfico y multimedia), sólo se las compra si el diseño es atractivo. Esta se la trajeron unos amigos desde Nueva York, aunque dice que, si no, se la habría comprado él mismo. “Me encantan las entregas de La guerra de las galaxias, y este diseño de Adidas está muy trabajado” Ana Jiménez
Fili Fernández, estudiante de Ingeniería de Caminos de 23 años, compra «poco» por falta de presupuesto, pero lo que compra «lo hace a conciencia». «Tardo mucho en escoger las dos prendas que conforman mi vestuario, los vaqueros y las camisetas». Sin embargo, el día de la charla lleva una azul marino con el lema «I am not stupid» [Yo no soy estúpido], adquirida en contra de su manera habitual. «La elegí en apenas unos segundos», explica. «Acababa de hacer una entrevista de trabajo para una gran cadena y me ofrecían, por ocho horas, algo más de 400 euros… Cuando salí la vi y me la compré…, sencillamente expresaba lo que sentía en ese momento», indica este joven madrileño que, como para una buena parte de los jóvenes, esa prenda de vestir es un soporte sencillo y efectivo de expresar lo que se siente.
No es el caso de José Manuel García, matemático que ha pasado la treintena y que reconoce que «huye» de las camisetas -«sin dudarlo, mi prenda favorita por su comodidad»- con mensajes. Tampoco acepta que lleven impresa la marca. «Las que realmente me gustan son ediciones limitadas de algún evento». ¿Por qué? «Creo que es porque apenas las lleva nadie, es una forma de diferenciarme, entiendo».
Sofía Cárdenas, médica, lo tiene claro: «En verano, camiseta de manga corta, blanca, tejidos ligeros, lisa, con algún detallito en plan cremallera, botones monos, bordaditos, calados…, pero nunca estampados. No me gusta que se vea la marca en grande, una cosa es en una esquinita, un bordado…, pero nada de las típicas camisetas con la inicial en grande con piedrecitas brillantes, ¡nunca!». En general, «huyo de las marcas porque ya usé muchas camisetas con publicidad cuando jugaba a voley. Y tengo cuidado con las que llevan algún mensaje porque pueden ser peligrosos, entre patadas al diccionario y dobles sentidos».
El profesor Jesús A. López, sin embargo, reconoce que no tenía especial interés por esta prenda, hasta que el pasado otoño descubrió su «poder de protesta». Fue cuando el Gobierno de la Comunidad de Madrid anunció una serie de ajustes en los centros educativos. «Y me compré, sin dudarlo, una camiseta verde que apoyaba la escuela pública… Y me la pongo siempre que puedo».
«Las camisetas se han convertido en un canal de comunicación muy efectivo y en un espejo de la sociedad en que vivimos. Esto no es nuevo, ya que la ropa, en general, es un medio de transmisión del rol social, del estatus de cada uno e incluso del estado de ánimo…, pero las camisetas dan un paso más. Estas piezas, aparte de hablar de la juventud, dicen muchas cosas sobre su visión del mundo», señala Ricard Morant, profesor del departamento de Teoría de los Lenguajes y Ciencias de la Comunicación de la Universitat de València, quien ha publicado en la revista de Estudios de Juventud del Injuve la investigación Sobre la indumentaria juvenil: las camisetas con mensaje.
En este trabajo se pone de manifiesto que «todas las camisetas tienen algo que enseñar», ya que «son un espejo de la sociedad actual y de la gente que las porta». Para Morant, hay varios tipos de camisetas, y en función de ellas se puede hacer uno idea de cómo es su propietario o la visión que tiene del mundo.
Una modalidad está constituida por aquellas utilizadas como reclamo publicitario, y que transforman a sus portadores en verdaderos «anuncios vivientes». «Con ellas, la gente se convierte en publicidad ambulante, llevando el logo o el nombre de instituciones o empresas allá por donde va».
Otro tipo sería las camisetas comerciales, producidas con fines esencialmente lucrativos. En este apartado, explica Morant, sobresalen las diseñadas por las grandes multinacionales, como Nike o Adidas, cuyas marcas suelen ser el único mensaje impreso. Estos distintivos, según el lingüista A. López, resultan fundamentales en esta sociedad del escaparate, ya que son como las estrellas y galones de la sociedad civil, que se llevan en el pecho, y cuya finalidad es «exhibir un cierto grado de capacidad adquisitiva».
Morant hace especial hincapié en las camisetas reivindicativas, empleadas para protestar o exigir algo con el fin de mejorar el mundo. Desde el clásico «Stop Wars» hasta las actuales «Escuela pública, de todos para todos». En este tipo de camisetas es incluso muy frecuente echar mano del humor; por ejemplo, las que plantean un tema de honda preocupación como es el ecologismo de una manera desenfadada: «Ahorra agua, no te duches sola». El humor, señala el profesor de la Universitat de València, está muy presente en esta indumentaria sea del tipo que sea.
Otra clasificación que establece Morant en su investigación es la camiseta conmemorativa, esa que se convierte en el uniforme de batalla durante la celebración de determinadas fiestas o encuentros. Y también la seductora, de enorme valor a la hora de ligar. En estas, destacan aquellas cuyos sus mensajes van dirigidos a romper el hielo («Éntrame tú, que me da palo») o las que definen a quien las porta («9 de cada 10 mujeres me recomiendan», «Como tú pocas… como yo ninguna», «Si yo fuera tú me enamoraría de mí»). En este grupo, especial atención a las camisetas femeninas que indican la negativa de quien las porta a algunas pretensiones de los varones («No tengo fuego, ni estudio, ni trabajo», «Se mira pero no se toca»…).
Y también, las camisetas solidarias, confeccionadas con el fin de recaudar fondos para una causa justa. Motivos hay muchos (contra el hambre, ayuda a la infancia, medioambientales…) y organizaciones, más. La solidaridad y el compromiso definen a sus portadores, mientras que quienes optan por camisetas «filosóficas» («Tú diriges la película de tu vida», «Cada momento es único»…) aspiran transmitir su forma de entender la vida.
(Por Celeste López y Aída Pallarès, publicado en lavanguardia.com)

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