Carta al director.

PRECIO DE LOS COMBUSTIBLES

29-10-2021 - 14:04
Sr director
En el tema de la protesta por los altos precios de combustible, estamos todos de acuerdo en que debe afectarse a la baja el régimen tributario que lo afecta. Pero hay que buscar otros mecanismos para obtener algún resultado. Sobre la protesta local, tomándose y bloqueando carreteras opino que:
1. No es una protesta pacífica, porque están violentando mi derecho a transitar libremente por ellas y acceder a mi hogar, lugares y servicios que requiera, derecho que aquí resulta abiertamente violentado.
2. En el fondo nos fregamos nosotros mismos, por riesgo de afectar abastecimiento de elementos esenciales, perecibles, bencina y muchos otros. Lo que hacen, equivale a decir……vamos a joder a los vecinos magallánicos, aquí no pasan, que caminen, que se aguanten, etc. Que se imaginan estos aprendices de dictadores ?
3. Aquí cabe aplicar la ley de seguridad interior del Estado, ordenar a la fuerza pública el desalojo de la toma de carretera y conminando la autoridad a la búsqueda de una vía de trabajo alternativa para avanzar en este desafío, pero para eso se requiere autoridad y pantalones y en eso las carencias son evidentes.
4. Esta protesta es muy distinta a la que se vivió por el precio del gas, tema eminentemente regional. La de los precios de combustibles se sale de las manos del gobernador y de la delegada presidencial, tanto por un tema de competencias como por el hecho que el precio del combustible es un tema nacional y porque en él subyace la obtención de un generoso tributo nacional a las arcas fiscales, impuesto de muy fácil recaudación y difícil de evadir.
5. El reclamo, en su forma actual, por tanto, carece de dirección. La toma de decisiones esta en Santiago, no aquí, hacia allá tienen que organizar y movilizar una fuerza nacional e ir a protestar frente a la moneda, al parlamento, allá tienen que hacerse oír, no fregando al habitante local. La protesta local en Santiago ni se siente, los únicos que la sienten ahora son los vecinos magallánicos atropellados en sus derechos.
Arturo Lillo