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mayo 6, 2013
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UN MUNDO DE LOGOTIPOS

De la Prensa Internacional. Colaboración de Marco Barticevic Sapunar. Un magallánico en África.

«La primera vez que pensé en rodar un cortometraje compuesto enteramente por logotipos fue después de que hiciera “The Child” para el artista francés Alex Gopher. Este vídeo, que hice en 1999 con Antoine Bardou-Jacquet, ilustraba nuestro entorno urbano con el uso exclusivo de palabras. Al representar Manhattan meramente como una masa de rótulos como ‘edificio’, ‘puente’, etcétera, la ciudad y sus habitantes se transformaron en un gran paisaje tipográfico», escribe Ludodic Houplain. “The Child” y posteriormente el vídeo de Brainwashed de George Harrison están en los orígenes de “Logorama”, el cortometraje de animación con el que Houplain se hizo con el Oscar en 2010.
A Houplain, director del estudio multidisciplinar H5, los logotipos le habían fascinado desde pequeño. Su padre era piloto de carreras y ya por los años setenta, recuerda, éstas estaban saturadas de patrocinadores y todo, todo -coches, uniformes, anuncios- estaba cubierto por un manto corporativo. El francés trabajó durante dos años en la creación de una base de datos que rebasó los 50.000 símbolos y marcas comerciales. Solo algunos tuvieron cabida en “Logorama” y solo 7.000 forman parte del libro “Logobook”, una «monumental recopilación de logotipos» que acaba de editar Taschen.
Entre los objetivos de “Logorama” estaba, explica Houplain, jugar a la imposición. «Puesto que estas marcas se nos imponen cada día a través de cualquier medio de comunicación, decidimos que había llegado nuestro turno de imponer al mundo la visión que teníamos de ellos». Según sociólogo Gilles Lipovetsky, que toma la palabra en “Logobook” tras Houplain, se calcula que estamos expuestos a unos 1.200 logotipos al día -advertencia: spoiler-. «Al final de “Logorama”, incluso un cataclismo natural no logra pulverizar el poder del logotipo: mientras Hollywood es engullido por un terremoto, los logotipos siguen centelleando desde los pocos trozos de tierra que quedan en pie. Cuando finalmente la Tierra es destruida, ellos continúan con su imparable expansión hacia el espacio, la última frontera. El mensaje es claro. Si ya no hay más planeta Tierra, hay miles de otros mundos que los logotipos pueden colonizar y aprender a explotar de nuevo. Puede que nuestro planeta esté bajo amenaza de extinción, pero la marca, ese símbolo tan intrínseco de nuestra época hipermoderna, saldrá triunfante del desastre».
(Por Virginia Collera, publicado en elpais.com)

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