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abril 15, 2015
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EN AGOSTO DE 1849 UN NORTEAMERICANO LOGRA ESCAPAR DE SU CAUTIVERIO TEHUELCHE

Por Bernardo Veksler – Diario del Fin del Mundo.

Este día, Benjamín Franklin Bourne logra escapar de su cautiverio tehuelche y llegar en un bote a la costa atlántica.
Así, puso fin a cuatro meses de vida en las tolderías de los nativos, que estaban en continua trashumancia entre el estrecho de Magallanes y el río Santa Cruz. Las vicisitudes que sufrió las condensó en un relato que constituyó una interesante descripción de la vida de los pueblos originarios patagónicos.
La Fiebre del Oro en el oeste norteamericano había captado sus sueños de prosperidad y decidió viajar desde la costa Este a California. Sólo tenía dos opciones: la tortuosa travesía terrestre o navegar por la confluencia oceánica austral.
Consideró más sencillo viajar por el estrecho. Al llegar a la Primera Angostura, fue a negociar la obtención de carne fresca, pero los tehuelches lo capturaron.
En el libro incluyó una anécdota sobre las cualidades que los nativos le atribuyeron ante la enfermedad de una anciana de la tribu. “Cuando un mensajero llegó con la noticia, el jefe me ordenó de inmediato darle cuerda al reloj e ir con él a la residencia de la dama. Volví a aseverarle que no sabía nada de enfermedades ni de medicinas. Me dijo que él sabía lo que hacía y que no me demorara más (…) Al aproximarnos a la casa de mi paciente (…) Una verdadera multitud de indios de ambos sexos rodeaba la choza, haciendo individual y colectivamente el mayor ruido que yo haya oído. La muchedumbre se abrió para que entraran el jefe y el gran médico extranjero. La primera orden que di fue que concluyeran con el canto”.
La mujer estaba tendida sobre un cuero de caballo. “Me arrodillé a su lado, saqué el reloj, la tomé por la muñeca y le busqué el pulso. Para mi gran sorpresa, no pude encontrarlo. Le di vueltas un largo rato, hasta llegar a la mortificante conclusión de que mi ignorancia era tanta que en realidad no conocía la posición de la arteria (…) Cuando consideré que había producido una buena impresión sobre los estupefactos presentes, me aventuré a prescribir (…) un baño con agua caliente de pies a cabeza. Esta prescripción cumplía según mi criterio con la necesidad más urgente del caso”.
A los pocos días, el tratamiento hizo efecto y la anciana se recuperó. Pero no vivió mucho tiempo, pues unas semanas después fue asesinada para robarle sus caball

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